Un mensaje en una botella

Por Emiliano Castillo

Seguramente conoces la sonda espacial Voyager que fue lanzada en 1977. El Voyager fue construido para fotografiar los planetas del Sistema Solar; después de esto, el destino que le aguardaba era el de un viaje sin retorno para circular el centro de nuestra galaxia en espera de ser encontrado.

El Voyager es la botella que lanzamos al océano cósmico, y el mensaje guardado dentro raya en lo fantástico. En forma de un disco de oro, se hizo un compendio de imágenes, sonidos y saludos de la Tierra. El proyecto fue encabezado por el astrónomo Carl Sagan. Las imágenes incluyen instrucciones para llegar a la Tierra, fotos de distintas culturas, paisajes y animales. También, se grabaron canciones de todas partes del mundo. El Voyager lleva dentro canciones como “Melancholy Blues” de Louis Armstrong, “Johnny B. Goode” de Chuck Berry, una canción de boda peruana, sinfonías de Bach, Beethoven y Mozart, entre muchas otras obras. Si un día un ser inteligente encuentra al Voyager, va a escuchar el canto de un pájaro, una madre hablando con su hijo por primera vez, el latido de un corazón, un beso.

En su tiempo, el disco de oro fue criticado por no incluir guerras, pobreza, ni algún otro de los problemas que nos agobian. Decían que no podía representarse a la humanidad si no se mostraban todas sus facetas. Pero, por alguna razón, al pensar en la pequeñísima Tierra, en este pálido punto azul, el peso de lo que sea que es la humanidad, se desvanece.

Después de haber tomado las fotos de Saturno que la NASA quería, Carl Sagan les pidió que le dieran vuelta a la cámara del Voyager para tener una foto de la Tierra. Le dijeron que desde esa distancia la Tierra sería poco más que un pixel solitario. Él insistió, les dijo que la humanidad necesitaba esa fotografía. ¿Por qué? Sagan explicó: “Tal vez no hay mejor demostración de la locura de la soberbia humana que esta distante imagen de nuestro minúsculo mundo. Para mí, subraya nuestra responsabilidad de tratarnos los unos a los otros más amable y compasivamente, y de preservar y querer ese pálido punto azul, el único hogar que jamás hemos conocido.”

Un año después de lanzado el Voyager, The Alan Parsons Project concibió una canción titulada “Voyager”, en su álbum conceptual “Pyramid”, un álbum acerca del pasado y de los monumentos permanentes hechos por el hombre. El tema es muy justo: se estima que el disco de oro dure poco menos de 4.5 mil millones de años. Probablemente el Voyager y su disco serán lo único que quede nosotros una vez que dejemos de existir. Nuestra botella seguirá orbitando el centro de la galaxia, etérea, paciente, en espera de que algún otro viajero la encuentre.

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